sábado, 12 de julio de 2014

NOSOTROS




La verdad es que somos dos bichos raros tu y yo. Nos movemos por este planeta como si en él sólo viviéramos nosotros dos y nadie más. Hemos entablado en realidad una amistad implacable y alocada, como si entre el resto de la gente fuera imposible encontrar otro ser digno de llamarse amigo. No somos, a decir verdad amigos, sino hermanos, como dos que un buen día se encuentran en el mundo. Yo francamente pensaba en no estar hecha para la amistad, aunque a la fecha sigo sin comprender que es aquello tan fabuloso que descubrí en ti y me hace creer en ti y querer estar siempre a tu lado. Te agradezco profundamente que pienses de igual forma sobre mí, aunque tú ni siquiera necesitas decirlo, tus actos siempre me lo han demostrado.
Nuestra amistad tiene, sin duda, algo misterioso si te digo que, en el fondo, no es tan imposible que nuestros corazones estén unidos a pesar de que nos disponemos, en repetidas ocasiones (tiempos prolongados) a distanciarnos. Precisamente ahora pienso que, estar lejos uno del otro, no hace más que fortalecer y enaltecer nuestra amistad. En tus cartas siempre eres muy atento, afectuoso  y con una gracia que me hace pensar que a veces no soy digna de tanto aprecio, y para ser más honesta tantas atenciones las encuentro simplemente deliciosas. Te quiero.
¿Tendremos alguna especie de excepción?…
Tu viaje más largo ha sido de siete años, el mío de dos. Eternos viajeros.
 Aquella época debió de fulminar ese sentimiento o afectarnos de alguna forma. Sin embargo, a la fecha, nuestra correspondencia no ha cesado, unida a una buena dosis de sanas carcajadas al teléfono y algunas lagrimillas que siempre apremiaban la prolongada charla o nuestros gratos silencios que lo dicen todo sin palabras, nos aveníamos perfectamente bien. Tú y yo, hechos metáfora: nos removemos, cortamos, pegamos, pintamos y nos encuadernamos en el interior de imágines (momentos compartidos) que, de verdad son más que dignas del recuerdo.
Nuestra amistad no es perfecta, sino única. Lo he dicho al inicio de lo que escribo, lo nuestro es una amistad de hermanos raros y de locos, y muestra de ello es que, en cierta ocasión, cuando recién empezábamos a conocernos, Tu, tuviste la gran oportunidad de odiarme, de no quererme, sin que yo hubiese podido evitarlo, pero bastó que nuestras miradas se encontraran (no más de dos a tres segundos), darnos la vuelta y cada quien tomar su camino, para que esa misma tarde alguien fuera a verte a tu casa, y en medio de un silencio profundo y extraño, nos sentáramos en las gradas de la entrada... Dos sonrisas, vistas perfiladas al horizonte. Así fue como sellamos nuestra amistad.
Cuantas horas maravillosas he pasado luego en tu compañía. Siempre tierno, cariñoso, divertido y respetuoso. Creo que el placer de nuestra alegría en común nos mantiene con vida.
Nuestros días también se van entre polvo, entre nubes que se amontonan y se alejan, lluvias cargadas con nostalgia y melancolía, que muchas veces nos dejan extenuados. Ambos sabemos que, si no te marchas tú, me marcho yo, pero al final volvemos a nosotros. Nosotros hacemos al destino, nosotros nos rebuscamos en los confines de la tierra y nos hacemos reencontrar. Tú me dices:
-¿Así que te vas a recorrer el ancho mundo?
Yo respondo:   -“Poco ancho es este ancho mundo para nuestra amistad”.
En esta última ocasión me ha tocado a mí hacerte la pregunta, y tú me das la típica respuesta, cual si fuese clave y contraseña, música y su canción.

Vuelve cuando sea el momento, estoy siempre preparada para recibirte como te mereces: Ancha sonrisa, brazos abiertos y un te quiero, que solo contigo que queda perfecto.
Ojalá vengas pronto.


Li.Lo.


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