martes, 23 de junio de 2020

Cuando Camino




4:30 a.m. el sereno de las primeas  horas de la mañana refresca mi cara, se siente el frío como cuando abres un congelador de golpe y el aire recorre todo tu cuerpo. Mis piernas no se cansan de recorrer los caminos y por suerte aún son fuertes y se esfuerzan en cada paso para no tropezarse y hacerme caer al suelo, puedo sentir como poco a poco va surgiendo el sudor de mi cuerpo y sonrojar mi rostro, y pequeñas gotas de agua bajar por mi frente. Respiro hondo, mi respiración se acelera mientras mi cerebro le advierte a mi cuerpo que aún falta un largo camino por recorrer, vuelvo a inhalar, exhalo lento, voy cruzando un sendero rodeado de árboles verdes, todos están alineados como si fuesen eternos guardianes, sus hojas se mueven de un lado a otro por el impulso del viento y viajan ligeras que es casi imposible de ver hacia donde caen. El cielo, es de un color azul claro, ese azul que me suele recordar a esos días de paz. Las nubes se van alejando, y los rayos del sol empiezan a iluminar mi camino y los charcos de agua que están en el piso comienzan a  mostrarme el reflejo de la vida al pasar. 
Decido desviarme y dejo que los árboles me muestren el camino, algunos me llevaban a lugares hermosos donde la vida irradiaba felicidad, el trino de los pájaros, el ulular del viento, pero también están las sombras que me hacen temer lo peor, que no dejan pasar ni un rayo de luz, y las ramas espinosas que bloqueaban mi camino forzándome a empujarlas hasta lastimarme, pero a pesar de las dificultadas que en  alguno de mis recorrido se presente, he de preferirlo a una paisaje plano y desolado, con rayos de sol devoradores. Así es como sigo recorriendo más caminos hasta donde mis pies me permitan llegar.


Li.Lo.

martes, 12 de junio de 2018

TODAS LAS COSAS QUE HAGAS DURANTE TU VIDA...




Ghandi dijo “Todo lo que hagas en la vida será insignificante, pero es muy importante que lo hagas.” “Y todo lo que hagas, hazlo de corazón”.

La vida muchas veces nos resulta un arduo trabajo, una tragicomedia, un caos infinito. Y pocas veces nos detenemos a saborear los esplendidos momentos que vivimos, y sobre todo a reflexionar sobre lo efímera que puede resultar nuestra existencia.

Nuestra vida podría interpretarse como una pieza de música que hemos de improvisar sobre la base del legado que recibimos, y si alguien nos ofrece una muestra de su propio repertorio, debemos recibirlo con generosidad. Cuando alguien nos regala un pedacito de su ser, lo que piensa, siente, lo emociona o conmueve, inaugura en nosotros un contagio que debemos agradecer.

Nadie vivirá nuestra vida, nadie morirá nuestra muerte, nadie dirá nuestras palabras, y sobre todo, nadie establecerá con los demás las relaciones que sólo son nuestras. Nadie querrá a otro con nuestro corazón. Por ello es tan importante vivir de verdad, en definitiva, hacerlo con intensidad. No dejar pasar de largo esa irrepetible posibilidad. Pero para ello no hay receta, ni consigna. Somos seres cotidianos que nos debatimos en un mundo que queremos mejor, somos nostalgia del infinito, precisamos levantar los ojos, mirar las estrellas, confundirnos con el universo y preguntarnos por el sentido de nuestra vida. Y sobre todo, preguntarnos: ¿qué legado dejaremos un día de estos?  Porque llegará un día en que será tarde para dar respuesta a esa pregunta. La vida es la que es, y en gran medida, la que decidimos que sea, pero más allá de lo que entendamos de la vida, hay que implicarse, jugar la partida, girar el tablero; llevar la vida en los propios brazos. No estamos predestinados para nada, somos actores de esta vida que pudiera ser única. Anticipemos entonces  si el último día valoraremos positivamente nuestro discurrir por ella. Aprovechemos cada oportunidad, pues, al igual que  pasa con el amanecer, si llegas tarde ya se habrá ido. Estar vivo es mucho más que no estar muerto. Tenemos la oportunidad de elegir uno de los futuros posibles, y para ello, hay que  entretejer la vida con ilusiones, porque son ellas las que construyen nuestros sueños. Y es cierto que la vida muchas veces carece de sentido, que es un enigma lleno de incertidumbre y grandes esperas. Razón de más para condimentarla con imaginación y fantasía. Y terminar de entender de una buena vez, que lo importante en la vida no es el éxito, sino el sentido. Y que sólo disfrutaremos de nuestra existencia cuando seamos capaces de contemplar el paso del tiempo como un regalo, y de asumir cada día como una oportunidad para reinventarnos y sonreír. No endeudemos la vida, ni la convirtamos en una existencia de alquiler. Ella es un escenario incesante de aprendizaje, que no te esclavicen los "no puedo" y los "imposibles", porque entonces conviertes tu existencia en una profecía autocumplida. Vive de forma deliberada y con una alta dosis de ingenuidad. Que no importe el hecho de saber que no vamos a salir vivos de ella y que aunque la ciencia nos diga que somos parte insignificante del cosmos, jamás olvidemos que también somos insustituibles. Pero sobre todo, no abandones tu paisaje sin haber encontrado un buen amigo, la vida no vale la pena sin un vínculo de lealtad con el que deambular por ella. Vale la pena vivir por una tertulia, una caricia, una sobremesa, un paisaje, un viaje, un libro o una sinfonía. Pero si nada de nada viene hacia ti, entonces recurre al plan "VE". 


Li.Lo.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

La verdad es que no soy




La verdad es que no soy…. es lo que quería decirte. No soy diferente, o bueno, sí, pero no de la forma en que muchos piensan. No soy bohemia ni artista, no pinto, no dibujo, no toco ningún instrumento, no canto, no me gustan los conciertos y escasamente asisto a alguna actividad colectiva. No bailo, no soy deportista, ni gótica, mucho menos una mujer sexy,  popular y/o extrovertida, no soy miembro activo de ningún club o grupo social, tampoco soy una lesbiana que ha salido del armario y se siente orgullosa de ello. Nunca he sido una estudiante sobresaliente o empleada del mes, no soy una borracha o drogadicta, tampoco soy una genio, hippie, puritana, o una puta, ni siquiera una de esas chicas tímidas y de buen corazón que reparten a todo el mundo un “Que Dios te bendiga”.
No, no soy nada de eso, es lo que reconozco y escribo mientras lloro dejando caer las palabras de mis manos, pero sujetando mi corazón con demasiada fuerza para no permitir que también este caiga.
…
Me gustan los libros. Todo el mundo lo sabe — realmente amo leer—, también me gusta mucho escribir, aunque esto a nadie le interesa, porque mis ideas son tibias, borrosas, absurdas, vacías,  están desordenadas y se desbordan hasta hacerme doler la cabeza, así que este hábito, en su mayoría, lo reservo solo para mi. No hay nada diferente en eso, nada fascinante, interesante, y que merezca la pena mirar, saber o conocer.
Además de leer y escribir, también me gusta mucho caminar (a solas)… y el café (una buena taza de café), aunque esto también ya lo sabes.
Tengo una cabeza con escasos horribles cabellos, y unos ojos eternamente cansados y de tonta. No me maquillo ni voy al salón, tengo un cuerpo que no es nada; estoy demasiado delgada y cuando no lo era tanto también eso resultaba ser defectuoso para muchos, y mi boca es increíblemente fea. Mi ropa es una broma y mis bromas son desesperantes y complicadas y nadie más se ríe con ellas. Hablo como una tonta cuando debo permanecer callada y cuando debo decir algo calló como idiota, no sé decir nada interesante o importante para la gente, simplemente parloteo o farfullo como una fuente rota... y casi siempre sobre libros.
Suelo alejarme de todo el mundo y luego me enfado (y me duele) cuando me abandonan… Mis amigos se desvanecen como el humo del café cuando se enfría.
No soporto los ruidos de la gente, las aglomeraciones, el sol, el calor, el mar, y padezco de un eterno insomnio que con frecuencia invita a la migraña a hacerme compañía.
Trato de engañar y me pillan, me hago la interesante y meto la pata, soy incapaz de fingir que les creo a los mentirosos, y tampoco soy capaz de evitar el sarcasmo.
Detesto tantas cosas de la gente y de mi entorno, y amo otras tantas, pero por más que lo digo y aclaro nadie parece entenderlo. Así es como vuelvo siempre a esta isla.
…
Si, también supe amar, como una tonta, como una ilusa, pero hace mucho tiempo desistí de eso. No soy una romántica, ¡soy una tonta!. No soy nada que nadie desearía conocer. Soy una lunática que deambuló en busca de algo que no existía. Soy cada uno de los últimos detalles horribles en un mal disfraz de última hora. No soy diferente, en absoluto... Soy extraña. Tal como me lo dijiste la última vez que me hablaste. Soy una imperfección imperfecta, una ruina ruinosa, unos restos manchados y tan destrozados que solo yo soy capaz de redescubrirme en lo que queda, después de cada rastro de dolor que la gente ha dejado en mí. Soy esto, a quién nadie le dedicará una bonita frase de elogio porque no tendrá de dónde cogerla.



Li. Lo.

viernes, 6 de marzo de 2015

Message to Bears - Mountains

Message to Bears - Wake Me

lunes, 25 de agosto de 2014

¿Por qué leo?



Yo, si bien era prudente y cumplida, siempre fui bastante miedosa. Nunca me fiaba de nadie, tampoco confiaba  las cosas al azar. Para mí no existía la suerte, tampoco creía en la bondad de un futuro perfecto.  ¿Por qué? Bueno, crecí en un ambiente, y una familia que me educó así, muy a mi pesar y dolor, mi vida desde siempre fue una vida desigual.
Un buen día,  cuando recién había aprendido a leer y escribir, fije la mirada en un libro y, sin siquiera pensarlo, creerlo o imaginarlo, aferre mi vida a este.
Desde entonces me enamoré de la lectura, se volvió mi faena sin contrato, sin limitaciones, adquirida tan a voluntad propia y a placer, y aún con las censuras y disgustos que provoca en ocasiones a mi entorno, el solo pensar en ello me hace sumamente feliz. Lo que yo encuentro en esas páginas tenaces, resistentes, a veces melancólicas, en ocasiones descarnadas, incluso brutales…,me estremecen con esa grandiosa energía que he ido descubriendo en ellos, en los libros, soy incapaz de encontrarla en ninguna otra parte. Y, cuando llegan las fases de pérdida, de miedo, tristeza, caída, en la nada o el todo de la vida, me detengo a leer,  como quien hace un alto en las labores diarias para rezar, respirar profundamente y así  ser capaz de volver a la vida.
Los libros siempre me han enseñado algo (o mucho) a diario. A mí los libros me estremecen, me hacen sentir libre, a salvo, idónea. Ellos marcan mis huellas en la vida.  Los libros… son la fuerza silenciosa y serena que nace de la sabiduría y se posa en mi boca, en mis pies, en las palmas de mis manos, estas manos en las que a veces creo que todo cabe: la alegría infantil, la seriedad de la madurez, la paciencia, el éxito, el fracaso, la bondad y la eterna magnificencia de  un abrazo, incluso la violenta tempestad del corazón con sus desenfrenos y la serenidad del ánimo. El universo.
En los libros hay mucha vida, reinos mágicos, mundos misteriosos, grandes secretos y  tesoros incalculables.
 … En fin, los libros se han convertido en mis amigos del alma (que cada vez son más), los que nunca me abandonan, los que me susurran sus historias en voz queda, los que me hablan cuando nadie más lo hace. Nos escuchamos en silencio… desde su corazón hasta mi corazón. Gracias a ellos no sufro de la sensación de desamparo y  soledad. Los libros me protegen de la derrota, de la depresión, del aislamiento e incluso de la locura, y no dudo que también ellos me hayan salvado de la muerte física y la pobreza espiritual.

Relato dedicado a un ser humano maravilloso que conocí hace muchos años (1996), quien me dio cobijo, amistad, café, conversación… y libros. 


Li.Lo.

lunes, 4 de agosto de 2014

La gente como usted… (Robert Walser)




Sé que no es de esperar respeto por mí de usted y de los que son como usted; porque usted, y los que son como usted tienen una desmedida opinión de sí mismos, que les impide comportarse con inteligencia y consideración. Sé con certeza que usted forma parte de esas gentes que se creen grandes por ser irrespetuosas y descorteses, que se creen poderosa porque se les ocurre la palabrita <<sabio>>. La gente como usted se atreve a ser dura, descarada, grosera y violenta frente a la pobreza y frente a la desprotección. La gente como usted posee la extraordinaria sabiduría de creer que es necesario estar en lo más alto en todo, poseer un gran peso en todas partes y triunfar a todas las horas del día. La gente como usted no se da cuenta de que eso es de necios. De que ni entra dentro de lo posible ni puede ser deseable. La gente como usted es jactanciosa y está dispuesta en todo momento a servir celosamente a la brutalidad. La gente como usted es muy valiente para evitar con cuidado todo verdadero valor, porque sabe que todo verdadero valor promete perjuicios, y es muy valiente para presentarse siempre como gente buena y hermosa, testimoniando enorme placer y enorme celo. La gente como usted no respeta ni la edad ni el mérito, ni sin duda el trabajo. La gente como usted respeta el dinero, y el respeto al dinero le impide respetar cualquier otra cosa. Quien trabaja honradamente y se esfuerza afanoso es, a los ojos de gente como usted, un completo asno. No me equivoco; porque mi dedo meñique me dice que tengo razón. Me atrevo a decirle a la cara que abusa de su cargo, porque sabe muy bien qué complicaciones e incomodidades traería darle un correctivo; pero con todo el favor y benevolencia de que goza, y los favores presupuestos de que se rodea, aun así se sabe atacado; porque siente sin duda cuánto vacila. Traiciona la confianza, no mantiene su palabra, daña sin pensar el valor y el prestigio de aquellos que con usted tratan, los explota sin compasión cuando dice hacerles bien, traiciona al servicio y calumnia al amable servidor, es extremadamente voluble e inseguro y muestra cualidades que se puede disculpar en una muchacha, pero no en una persona como usted. Disculpe que me permita tenerlo por muy débil…
-Sin los poetas como Walser se contaran entre los espíritus que gobiernan, no habría guerras. Si tuviera cien mil lectores, el mundo sería mejor. Sea como fuere, el mundo está justificado por haber gente como Walser.”- Hermann Hesse. 


Li.Lo.