Camino
en silencio por las mañanas y las noches, todos los días. A veces parece que tuviera una
verdadera vocación y pasión por mi oficio, en realidad no es así. Siempre voy
comprometida, dispuesta y decidida a cumplir mi misión, pero de regreso, me
siento tan cansada del entorno. ¿Estrés? si, en buena parte, pero…
sobre todo es un efecto de melancolía.
Confieso
esas sensaciones, de cómo y cuando un
amigo me sonríe con ligereza, ¡sí!, es
como uno de esos momentos en los que todos te sonríen pero que en realidad
nadie se siente feliz, ni siquiera un atisbo de alegría.
Mi
nombre es… ¡ah!, no importa, la mayoría de veces prefiero que sea solo así, sin
calificativo o apellidos que conlleven prejuicios, tristezas añejas, penas y tormentos,
sin remordimientos ni reproches. Soy de
complexión delgada, pequeña de estatura, siempre mucho más baja que el resto de
las personas que se hallan a mí alrededor, piel morena, pero de un tono pálido
descolorido, ojos siempre visiblemente cansados, cabello corto, poco espeso y
sin ningún arreglo, mi vestuario nada elegante, nada llamativo, nada a la moda.
Dientes un tanto torcidos y otro tanto amarillos por el delirio de la cafeína.
Con aire lánguido, bohemia, con la
soledad colada, sin sonrisa fingida. No, no soy una chica atractiva, alguien de
quien alguien más se pueda fijar, mucho menos de quien poderse enamorar.
En
mis días, en mis horas, vive reproduciéndose una simultaneidad singularmente
incompatible. Me es tan complicado de
explicarlo tanto en palabras como en hechos, aunque siendo bien honesta tampoco
es que me apetezca mucho pretender hacerlo, al menos ahora ya no. Son esas
sensaciones ( impresiones) de lo que representa para mí la vida, la muerte, el
mundo que fluye y que flota a mi entorno, que se mezcla, que me hastía, y del
cual no me logro despegar ni adherir; todo con su despiadada naturaleza
inventada, aniquilando a su vez la belleza substancial, olvidada, ignorada, la que
ya muy pocos ven, la belleza de hallarnos
intrínsecos…, de cuando yo siento que venzo al tiempo desde otra naturaleza,
casi contrario a lo físico, a lo material. Una armonía solemne, espiritual; aferrarme
a esos instantes que quisiera prolongar para sonreír y hablarle a la verdadera
esencia; las montañas, el frío, la lluvia. Así he ido caminando, deseando que
ello no sea efímero, que perduré, que se prolongue para evitar que la muerte
penetre nuevamente en mi conciencia.
¿Por
qué, tal como el pan, como el agua, como el dinero, no se escasea la tristeza?...
o, al menos que el amor no se escatimara de semejante manera.
No
acabo de entender cómo exactamente es
que funcionan las cosas o funcionan los hechos. Hoy por ejemplo, mi materia yace repentinamente postrada,
casi mortecina. Mi figura en forma natural, con menos masa, dolor agregado y un
tono enrarecido. En realidad es una expresión espantosa, sombría. Pero raro es
que, aunque sigo respirando nadie lo ve, nadie lo nota. Las escasas presencias
que solía conocer, lucen ausentes, sus miradas
confusas lucen una extraña aflicción, manteniendo su distancia con
austeridad. Me gustaría tenerla seguridad de que realmente me están viendo o, que por lo menos ellos sepan el por qué
están parados frente a mí.
Hoy
el clima es mísero, entre el viento, el frío, la niebla, me siento envuelta en
el mismo manto liso, el aíre me sienta
anémico, los ruidos a mi alrededor me vienen como ecos, este ambiente en nada
me ayuda a superar el sentimiento de desvariar. Me han abandonado los
pensamientos sólidos.
La
verdad, me dolería y lamentaría profundamente el partir inesperadamente y tener que decir adiós a mis noches de música,
mis tardes de lectura, contemplación de cumbres, cielos iluminados, mis andanzas
entre montañas, días de lluvia, mis charlas a solas o en gratas compañías, los
sorbos de café lentamente para hablarle placido al corazón y con locura, sin articular
palabra alguna (… para resistir a los
malos tiempos).
Adiós a mis sonrisas con mirada emocionada, mi
perfil sutil y confusamente recortado,
mi aspecto desencajado, bajo mi forma de especie irreal, indolente, autentica
para mí. Tan desatinada con esta atmósfera, “el gran mundo con sus equilibrios”,
sus satisfacciones, sus placeres convenidos, todo mezclado para ajustar con
ellos mismos, como gigantes domesticados; con su tranquilidad, su inteligencia
y fuerza imitada, con prisas y bullicios. Me asustan sus pretensiones de
monstruos innovados.
Con
un poco más de esfuerzo acomodo mi dignidad cansada y sobre los hombros yace mi
conciencia equilibrada. Quizá haya juzgado con exageración algunos detalles,
pero nunca fui una genio o una imbécil, es tan solo que razones tuve de sobra para
despuntar los detalles de cómo percibí el mundo a mi entorno, las personas de
quienes me aislé por parecerles inverosímil, por resguardar como tesoro la
pureza moral, y por ello mismo sé que para mí no existe ni existirá un camino diferente.
lilo
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